Piturda buscando reflejo

Imagen de Carmelo Palomino Kayser.

Piturda no hablaba de literatura. Piturda sólo hablaba de herejes. Tenía una cara de hereje de siglo XVI, parecida a la de Lutero pero sin afeitar. De hecho, era un vagabundo y todos sabemos que a los vagabundos les cuesta encontrar un sitio decente para afeitarse todos los días. Su barba era pues, necesaria a su condición, la de vagabundo y chamarilero. Piturda había visitado recientemente una agencia matrimonial con la esperanza de encontrar allí a la mujer de su vida. Piturda rondaba los cincuenta años pero aún albergaba una esperanza, la esperanza de encontrar una mujer que le quisiese. Piturda también había sido domador de lagartos. Fue por eso por lo que estuvo trabajando en Jaén muchos años. Allí cuenta la leyenda que, entre las rocas que rodean a esa ciudad se escondía un lagarto más grande que un elefante que había sido defensor junto a los cristianos de los ataques bereberes y las razzias musulmanas. Hoy los arqueólogos tienden a joder, no sólo a los promotores inmobiliarios, sino las milenarias leyendas de ciudad. La labor de los equipos arqueológicos más que un servicio cultural, se asemejaban a un ejército de hombres de sacos de patatas que asustaban las infancias de los niños tontos. Las consignas del hombre del saco sólo asustaban a los niños tontos, tontos ya lo he dicho, estúpidos. Yo nunca me asusté porque quería a Piturda. Yo quería a Piturda. Ahora no lo quiero. Ahora ha encontrado pareja gracias a esa agencia matrimonial. Y todo por una ele. Matrigrafo era una agencia matrimonial extraña, como lo cuento, que no me invento nada. Dicha agencia matrimonial basaba sus resultados en encontrar afinidades caligráficas entre los hombres y mujeres que tenían en su base de datos. Partían del supuesto que a letras semejantes, la vida en pareja les iría mejor que a aquellos cuyas caligrafías eran antagónicas, distintas, imposibles de entender. Piturda trazaba una ele elegante, con hueco superior proporcionado a la longitud total de la letra. A Marisa le ocurría lo mismo pero con otra letra, la p de puta. No, no, Marisa no era puta. No simplifiquen ustedes la historia.

©Sir Alsen Bert

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3 comentarios to “Piturda buscando reflejo”

  1. jaumeduran Says:

    Desde luego ya he hecho bien en hacer contigo lo que he hecho en mi blog, a continuación de tu último comentario.
    Me ha hecho reír. Además consigues que la historia siga corriendo en la cabeza del lector una vez terminado de leer el texto.
    Un placer, Sir.

  2. A veces me olvido de pasar por aqui. Es el alzheimer de la cotidianidad. Eso tiene algo malo y algo bueno. Lo malo es que me privo de disfrutar lo que escribes. Lo bueno es el sorprenderme ex novo cada vez que te leo.

  3. Me alegra que sigáis visitando el blog. Tiene sus rachas y como todo en la vida, depende de si llueve o no. Ahora está lloviendo, y escribo.

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