Ja, leyenda urbana…

 

Aaaaah de Cristian Barnes

En la Sierra de Treviño, en un pueblo perdido: Benalúa de las Villas.

El sábado pasado se celebraba una boda: la de los García y la de los Torrecilla. El lunes la noticia corría como la pólvora y no sólo por Benalúa sino por Guadix y por Iznalloz, por Granada y Jaén, por mi casa y ahora, por la tuya.

Toda boda tenía su noche y toda noche su encanto; y todo orgasmo, un responsable.

Matías, hijo del carbonero del pueblo. Dori, licenciada en Filosofía por la Universidad de Granada y retirada a Benalúa con el fin de elucubrar acerca del crecimiento periférico de las habas de temporada en invierno. Moza y lozana. Serrana y jaquetona. Extraña unión. Amantes sin cabeza durante tres años y decisión final: nos casamos, Matías, te quiero, Dori. ¿Quién decía que el deshollinador de Mary Poppins no tenía derecho a una hembra bretona dispuesta a gozar de las mieles de la horizontalidad? Carbón y filosofía, encanto, orgasmo, gozo; la realidad siempre superará a la ficción.

El sábado. Sucedió el sábado. Matías y Dori recién casados. Acabados los fuegos del banquete los novios quedaron exhaustos. Se marcharon y abandonaron a los invitados hartos de tanta sonrisa. Dispuestos, eso sí, a compensarse mutuamente. Dori, agárrate que te meto en casa. Matías, no me tires. Dori, agárrate. Matías, ya voy. Dori, que te follo aquí mismo. Matías, no te impacientes. Dori, que ya está el pan duro. Matías, espera que orine. Dori, no aguanto. Matías, espera. Dori, en la cama te espero. Matías, ahora voy pichón. Cinco minutos.

Dori orina pero no se desprende de sus ligas. Entra en la habitación. Matías se ha dormido. Dori se desnuda. Matías ronca. Dori se duerme.

La madrugada llega tarde. Tarde y con compañero. A punto de amanecer no sólo se oyen los gallos sino a Dori gimiendo. Y gemía, y gemía y volvía a gemir como una virgen; sin peces y sin agua. A ritmo y con gusto, al paso y al vaivén, medio dormida y anestesiada aún por los excesos del banquete. Matías dormía. Matías seguía roncando. Dori seguía gimiendo. Hubo un momento en que abrió los ojos para exclamar: más Matías, más. Pero encima de ella no estaba Matías sino Luisito, el sobrino de Nicolasa, la panadera de Benalúa. Dori seguía gimiendo y Luisito no paraba. Cuando se coge carrerilla sobre una hembra como Dori, no había Dios quien parara. Matías roncaba, Matías soñaba y Dori, follaba. Luis se licenciaba.

Una puerta abierta tiene estas consecuencias. Una puerta mal cerrada puede traer gozo. Sí, ¿no es así?

Luisito se despidió de su familia y recogió a Dori el lunes en la misma puerta de su casa. Nos perdemos. Llevaremos a Benalúa en el corazón. Matías dormía porque ¿qué podía hacer sino Matías?

Basado en un hecho real pero será tarea del lector dilucidar qué pertenece a la realidad y qué a la ficción. Puedo prometer y prometo…

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6 comentarios to “Ja, leyenda urbana…”

  1. jaumeduran Says:

    ¡Bueníííísimo! Joer, me ha encantado como lo has escrito. Además da la sensación de que te ha salido del tirón. No sé cuanto rato te habrás estado para escribirlo, pero parece como que lo has meado sin ningún tipo de esfuerzo. Permíteme un poco de envina cohínamente sana. Felicidades, Sir. 🙂

  2. Jaume, todo lo que escribo aquí es del tirón. Lo elaborado me lo guardo y me lo llevo por ahí. Y algo, sólo algo, lo presento a premio, por lo menos, una vez al mes.
    Oye, ¿y si lo reviso y presento este a premio?
    Gracias, nene.

  3. Oye, pero lo de Luisito venía de tiempo ha?

  4. Me suena de una noticia que leí, pero sin final feliz. En realidad se trataba de una violación. En esta ocasión tampoco parece que fuera consentido en un principio.

    Oyes, eso de la filñosfa que estba buenísima es un poco raro. Normalmente las filósofas no se preocupoan del culto al cuerpo y esas cosas.

  5. Sí, basado en una noticia que también leí. Le he dado mi nimio toque.

  6. Bambo, acepto manual de puntuación firmado y dedicado, vamos que si lo acepto. De Bámbola -siempre con cariño- acepto eso y más.

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