Einstein de pollerías

 

Bibendumm II (Lightología) de Antonio García Escolano

Me encontré a Einstein el sábado en la plaza. Mientras esperaba a que me filetearan la pechuga de pollo, se paró justo a mi derecha. Einstein también comía. Lo miré y tenía un tic. ¿Qué tic iba a tener Einstein un sábado en la plaza de abastos de una ciudad como Jaén? Los dedos índice y pulgar de su mano derecha no dejaban de dar cuerda al reloj de su mano izquierda. Einstein estaba allí. No me lo creía. Pero justo en el momento en el que la pollera iba a golpear la pechuga con un canto rodado para que los filetes a la plancha del mediodía estuviesen más que sabrosos, Einstein me preguntó qué hora era. A mi me jodió tremendamente volverme hacia él para contestarle. Llevaba diez años sin perderme cómo la pollera Remedios aplanchetaba mis filetes de pollo con una piedra. Qué coraje, qué coraje me dio, de verdad, pero no tuve más remedio que girar la cabeza y contestarle a Einstein. Mientras esperaba mi respuesta noté cómo sus ojos se clavaban con impaciencia en mi reloj. Ante mi tardanza, Einstein volvió a preguntarme la hora. <<Por favor, joven, ¿podría decirme qué hora es?>>. No me pareció muy propio de un genio. Pensé por un momento mal y me dije que por qué Einstein no salía a la calle donde lucía el sol, se acercaba a un jardín y pinchaba sobre la tierna tierra del mismo un lápiz o bolígrafo y calculaba el ángulo que proyectaba la sombra del lápiz sobre la horizontal del terreno para averiguar de este modo la hora solar que era. Estuve a punto de soltarle la chulería pero me contuve y le di la hora exacta. En ese momento, se sacó el reloj de la muñeca, hizo un ademán de mostrármelo pero enseguida lo retiró para estrellarlo sobre el duro suelo del pasillo central de la plaza de abastos de la ciudad de Jaén. <<¿Para qué quiero un reloj que nunca da la hora exacta, que no es capaz de comprender que el tiempo es relativo?>> Me acerqué a él y le eché mi mano sobro su hombro para tranquilizarlo; le propuse tomar un café para que me explicase qué quería decir con aquello del tiempo relativo. Él, encantado accedió. Ya os contaré qué quiso hacer Einstein en el puesto de la pollera Remedios; que si iba a por una pechuga de pollo; que si iba a comprobar que el tiempo de espera frente a un puesto de la plaza es directamente proporcional al precio del género que allí se ofrece; que si estaba jubilado y no le llegaba la pensión…

Nos tomamos el café y le comenté que iba a escribir lo que me contó. Se lo prometí. Así que dejad las interpretaciones de este relato que acabáis de leer.

 

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5 comentarios to “Einstein de pollerías”

  1. Sokolina Says:

    Feliz año, pollo. ¡Qué pollas!

  2. Sokolina Says:

    Feliz año, pollas. ¡Qué pollo!

  3. Feliz Año, Dama.
    Y Sokol, me has recordado mucho a Sokol…
    Un beso.

  4. jaumeduran Says:

    Me ha gustado. Sí.

  5. ¿Pero sí, sí?
    Feliz Año, Jaume

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