¿Te levantarías?

 

Banana Split by Mel Ramos

¿Qué os parece? Suponed que un hombre tiene cien ovejas: si una se le pierde, ¿no deja las noventa y nueve en el monte y va en busca de la perdida? (Mt 18, 12-14)

Suponed por el contrario que alguien está sentado durante la cena de nochebuena y tiene frente a él una fuente con noventa y nueve cigalas recién cocidas y una botella de un frío y espumoso vino blanco. Supongan igualmente que las compró esta mañana en el puesto que Luisa, la rubia, la guapa, la curvilínea dama y moza tiene en el mercado de abastos. Pero imaginemos más. Imaginemos pues que a Sebastián Montizón esas noventa y nueve cigalas, ese casi kilo y medio de bichos le ha supuesto quedarse sin el cincuenta por ciento del sueldo de mes de diciembre –sin contar la paga extra-. Afinemos el supuesto porque nos revela que Sebastián Montizón gana 1200 euros al mes –como todo mileurista mal nacido-. Supongamos que lo ha hecho, supongamos que de verdad está sentado solo en una de las tres sillas que tiene el salón-comedor y que sobre la mesa, frente a frente tiene un plato de cigalas y una botella de Laurent Perrier Ultra Brut; supongamos más, más, más. Y suponemos que Luisa, la rubia, no le ha engañado ni en el precio del kilo de cigalas ni en la calidad de los crustáceos. Bien, así pues Sebastián se siente ya preparado para celebrar la nochebuena consigo mismo, con toda su circunstancia, con su sombra acomodada, con su desgracia infinita y con toda la gilipollez que ha ido acumulando a lo largo de su vida. Bien, pues imagínense por un momento –como sucedió después- que en ese mismo segundo, en ese segundo de pascua, en el preciso instante en que el Sebastián Montizón iba a escanciar la primera copa de Perrier, suena el timbre de la puerta del piso. ¿Iba a dejar Sebastián las noventa y nueve cigalas de la fuente y el Perrier Utra Brut solos? ¿Se levantaría para abrir la puerta y descubrir quién era? ¿Esperaría detrás de la puerta la puta cigala número cien, la que le desolló vivo el sueldo? ¿Sería Luisa, la de todos los contornos que obnubilaban a cualquier macho ultra bruto, la que se encontraba allí? Yo abrí la puerta y descubrí quién pulsó el timbre del piso del gilipollas de Sebastián Montizón.

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4 comentarios to “¿Te levantarías?”

  1. Bueno, siempre existe una mirilla por la que escudriñar y decidir si vale la pena compartir las 99 cigalas o mejor hacerse el huidizo y no dar señales de vida hasta agotar la plata. Si por mi fuera… en Navidades… una buena cena de pan con tomate y embutido (no, de pata negra e ibérico nada). Austero pero delicioso con un buen aceite de oliva.

  2. Yo me como las cigalas, Bernar, y luego abro la puerta. Si el/la/lo que está tras la puerta merece la pena, esperará y comprenderá: joder, son 99 cigalas. Si es la rubia, siempre podemos rebobinar la cinta y compartir la bandeja (por si cae el postre).

  3. Jaume Duran Says:

    Perdonen, pero si se trata de la rubia que esperen todas las cigalas quietecitas, bien quietecitas.
    Buen texto, Sir. En tu línea.

  4. Pues a mí siempre me ha podido la curiosidad, me levantaría a mirar quién es, y si vale la pena comparto mis cigalas.
    Me gustó tu relato

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