Masi, la Pantera

 

Pinkpanther de El Juan Pérez

Le (la) llamaban la pantera; a Maxi o Masi. Recuerdo la primera vez que la vi. Era amiga de León, el amigo que yo rondaba con especial celo todos los meses de mayo para ir de gorra en junio, julio y agosto a la piscina que tenía su residencial.

Todos los pijos vivían en un residencial. Todos o casi todos. O antes, todos o casi todos los pijos de mi ciudad, vivían en un residencial. Yo he vivido en un residencial de esos pero nunca he sido pijo, de verdad, lo juro por Snoopy –frase del tiempo de cuando los pijos de mi ciudad vivían en residenciales-. Suele suceder, no os asustéis; vivir en un residencial y no convertirse en un pijo tiene mérito y si no, que me lo cuenten a mí. Pero el destino es un caballo, no, mejor una yegua a la que hay domar, montar, domesticar con toda la personalidad que te quede después de haber vivido en un residencial sin mezclarte con los pijos, pijos, pijos de verdad. Pero, ahora que lo pienso, a día de hoy desconozco qué es ser un pijo de residencial. Uso el vocablo para asociar residencial de lujo a pijo. Así, llanamente así, con adverbio y todo.

Decía, bueno, no, aún no lo había dicho, lo digo ahora. León era además de pijo, feo de cojones -inevitablemente-. Como su padre. Él suspiraba por Masi que también era pija, morbosa pero fea, fea pero atractiva –frase y expresión modal, que está de moda-. Está de moda decir, sí, sí, llevas razón, esa zagala es fea pero tiene algo, es atractiva o al revés, nena, ese chico es feo, sí, no te lo pongo en duda pero tiene algo que lo hace atractivo-. Vamos a sincerarnos: el feo es feo, el bueno es bueno y el malo es malo y si no, que se lo digan a Morricone. Y como no, el tonto, tonto, o cipote, o lelo, o gilipollas.

León era el más pijo de la clase y Masi la más morbosa. Masi era la típica niña buena, fea y atractiva a la vez pero con una capacidad para lo que antes se llamaba calentar pollas que ni os cuento. León no jugaba al tenis pero Masi sí. Yo también. En aquel verano del noventa y tantos, con la veintena aún sin estrenar, me comprometí con León a enseñarle a jugar al tenis todos los días después del último baño de la tarde. Era la única hora del día en la que Masi no estaba. Iba a recoger a su hermana Tania al logopeda. León aprovechaba su ausencia para aprender. Y yo para seguir ganándome los baños como amigo circunstancial de León. Un aprovechado, vamos, con todas las letras. Pero no os voy a mentir, sí, os lo voy a contar: lo que realmente deseaba León era llegar a jugar con la pantera Masi al tenis. Y ganarle, con honor adolescente, no sin antes haber hecho con ella una apuesta adolescente y veraniega.

(Esto debe continuar y continuará pero es tarde, como siempre, las una y pico de la mañana y mañana –con redundancia y todo- he de currar…)

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3 comentarios to “Masi, la Pantera”

  1. Pues tiene mérito no salir pijo en esas circunstancias, sí.

    Cuéntanos en qué consistía exactamente lo de la calienta pollas. ¿Se levantaba la faldita de tenis y se le veínan las níveas bragas de encajes con lacitos rosas?

    ¿El morbo pijo consiste en usar consoladores con la figura de snoopy?

    ¿Sabes? En teoría yo soy una pija. Y no voy a decir que no. Soy medio pija, en realidad, porque no llevo el look pijo, sino el look que mis circunstancias de mamá ojerosa me permiten. Soy pija por posición social y porque si te gusta vivir bien y no te avergüenzas de llevar ciertas cosas que tienen la etiqueta de pijas ya eres una pija. Pero lo llevo bien. Me han llamado pija muchas veces y ya le he tomado gusto. Yo no voy a renunciar a ciertas cosas que me gustan y me sirven sólo porque sean pijas. Como tampoco renuncio a las cosas que me sirven que no son pijas.

    Pero tú a saco con los pijos. Como soy sólo medio pija asilvestrada te dejo. 😉

    (Mi marido dice muchas veces que conmigo se la colaron porque doy el pego de ser de familia bien y tal, pero que rascas un poco y aparece la parte campestre)

  2. Las chicas que calentaban sólo lo hacían con la mirada y un toque lateral de cadera hacia la derecha. Además a distancia. Y tú que las veías te girabas y le decías a tu amigo del alma aquello tan famoso de…

    Jajajaja, lo de Snoopy ha sido bueno.

    Tú qué vas a ser una pija. Anda ya, no digas chuminás.
    Una cosa es seguir el tradicional refrán (el dinero del mezquino anda dos veces el camino) y otra es ir por la vida con los cuellos de los polos levantados. Y lo que decía un amigo mío bajito pero fuerte. Mira, nene, si yo hubiese nacido con tu altura, iría dando ostias a esta gente por la calle así, conforme me los encuentre con los cuellos del polo hacia arriba. Serán gilipollas, decía.

    Pues no te digo ná. Lo que ha dado de sí el Ponce de León. Hasta que descubrió que era de la Calle Borja (sí, hasta los tres años viví en una calle con ese nombre) y del Campillo de los gitanos al que me escapaba con un hermano mío a hacer guerras de piedras (de verdad, esto es verdad, verdadera)

  3. Veo que son personajes repugnates todos.
    La Masi, el León cipotón y el chulo putas ese.

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