Archivo para octubre, 2007

Saber el porqué

Posted in Sin sitio on octubre 31, 2007 by siralsenbert

 

Sin título 01. Peter Rodger

Cartas de Lucía.-

 

Y era a la vez ridículo.

Te he visto las bragas, Olga, hoy las llevas malva, con curva tanguera y ajustadas.

Te las he visto, no puedes negarlo, es una forma de manifestarte. Últimamente me llamas no por mi nombre sino por Avet y yo no soy una braga aunque las uso muy monas. Te las he visto mientras te contoneabas al subirte a la moto de Carlos que te llevaría, tú sí lo sabías, a bailar. Bragas malvas para una noche tanguera sobre la arena de la bahía del sur de Coeur. No lo niegues, te las he visto o ¿me las has enseñado? Quisiera salir de la duda en la que me sumerges todos los días, bueno, no sólo tú, todas las niñas que son mujeres en edad de follar, como tú, como yo y con una edad, la indecente, la celestial. Tendemos a enseñarlas y yo a mirarlas por si veo algunas más fashion que las mías. Te las he visto, Olga, no lo niegues.

Te he visto las bragas porque hoy veo muchas bragas. Quiero dilucidar el por qué de esta moda, el por qué las enseñamos sabiéndolo o quizá ¿de verdad no sabemos que se nos ven?

Ese filito que asoma por encima del pantalón. No, no puedes echarle la culpa al modisto o al diseñador. La culpa la tiene la braga, porque es casi, sí, así lo pienso, más mujer que tú. La braga entiende de emociones masculinas, la braga suplanta muchas de las armas que antes usabas y ahora, agáchate a recoger un lápiz del aula, agáchate a recoger la bolsa de la compra, en el Champion mismo, en el Supercor. En Carrefour las bragas son más dispares, más de otro mundo, hay variedad y me mareo, de verdad, Olga, me mareo.

Te he visto las bragas antes, cuando te he pedido que me acercases la escoba pero ¿sabes, Olga? Las bragas hay que enseñarlas, pero no lo dudes, en la intimidad más íntima, valga la redundancia. Yo, personalmente yo, le he dado ya algunos poderes de seducción. No hace falta que hable, no hace falta que susurre, ellas hablan por mi y ellos, la mayoría estúpidos, se ponen a hablar con ellas. Nueve meses deseando salir y se tiran toda su vida intentando entrar, a veces ni eso, les encanta que me quede así, en braguitas. Me gustan, no lo niego, iría así por la calle pero como las malvas, ninguna.

Un beso guapa. Espero que cuando leas esta carta, ya lo hayas despachado.

Lucía que te aprecia.

                                                                

® Cartas de Lucía. Blumm & Sir Alsen Bert.

 

 

 

 

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Papito

Posted in Sin sitio on octubre 31, 2007 by siralsenbert

 

VB 49. Vicente Ballester

El padre que lleva al imberbe al colegio. Todas las mañanas de todos los días laborales de la semana. El imberbe selecciona la música y hoy ha elegido Loquillo y los Trogloditas. El imberbe tiene cuatro años. El imberbe ha lanzado la pregunta, inoportuna y al hilo de la letra del gachó del tupé moda años 80. Eran las ocho menos cuarto de la mañana. Papito, ¿qué es la guerra? No había tiempo de reacción. Si papito osaba detenerse a reflexionar la respuesta, corría el peligro de abrir la guantera del coche y rellenar el parte del impreso del seguro; no, no podía distraerse so pena de comerse el culo del automóvil que me precedía. Papito responde: hijo, cuando dos ejércitos, dos países, dos, en definitiva, se pelean por un trozo de tierra muy grande y por el que se matan. ¡Ay, payo!, craso error haber nombrado la palabra muerte. Imberbe contesta: ¿morirse de verdad? Sí, hijo, sí.

PD: Hoy iba a crear un nuevo blog sobre las preguntas y respuestas de una niña de cuatro años a un padre de treinta y siete pero he preferido no hacerlo e ir incluyéndolas cuando surjan en este bonito y noctívago blog. El imberbe, en este caso no es imberbe, sino zagalilla grácil y lista. Había que cambiar algo…

¿No os parece?

Posted in Sin sitio on octubre 28, 2007 by siralsenbert

 

Ojalá fuera ayer. María Burgaz

Salir de un colegio un viernes por la tarde se asemeja a morir para volver a nacer el lunes por la mañana. ¿No os parece? La soledad en la que queda un colegio un viernes por la tarde debiera ser un ejemplo que la RAE adoptara para ejemplificar sus acepciones. Todo parece morir. Los árboles dejan de mecerse al son del alboroto escolar; lo gris sobrevuela su planta, su alzado y las escaleras. Esas escaleras que nunca olvido. Antes volvía la vista atrás muchas veces antes de perderlo de vista. Ahora, miro por el espejo retrovisor e instintivamente tocas el pedal del freno suavemente. No quieres perderlo de vista. Mientras, ahora, en este presente, escuchas las andazas de tu hija, relatando su dura jornada. Pero sigues de reojo la silueta del colegio, del solitario colegio. Si pudiéramos sacar una fotografía de ese momento, la semejanza con un anciano que está a punto de morir es patente, patente y gélida. Pero vuelves el lunes y lo vuelves a encontrar adolescente, risueño, joven. Un colegio tiene un ciclo vital extraño, muy raro. ¿No os parece?

Mr. X

Posted in Sin sitio on octubre 25, 2007 by siralsenbert

La imagen grande, para que se vea bien.

Se llama X y es mi amigo del alma. Hoy ha sido su cumpleaños. X andaba hoy preocupado, muy preocupado. Nos hemos encontrado en el aparcamiento de la Plaza de la Constitución. Le he felicitado, cómo no. A un amigo se le felicita así pasen los años despacio o vuelen fugaces. Se acerca a la cuarentena, no lo parece ¿a qué no? Juas, juas, juas. Se conserva bien el cabrón a pesar de que fuma menos de 15 pitillos diarios y de que beba un par de “whiskys” en sus ratos más esquizofrénicos, los sábados a última hora. Por dentro no sabe cómo anda la cosa, la verdad. Andaba preocupado por el dichoso número, el 37. Lo clamaba a voces, lo vociferaba quería decir, expresar y gritar; ¡qué cifra!, nenes. Treinta y siete años, ni más ni menos.

Hoy debía escribir algo sobre él en el día de su cumpleaños y aquí esta. Mr. X, todo un gachó, zagal y narcisista ejemplar. Me dice que necesitaba algo de autoestima -es mentira, nunca la necesita, no sé cómo se la apaña-. Me decía que el tanque inferior derecho estaba en la reserva y que, o le dedicaba un post o me iba a acordar de él.

Ha empezado un máster y está más liado que la pata de un romano en época de conquista. Pero escribirá un post semanal, me lo ha asegurado.

Hemos salido del aparcamiento entre risas y fijándonos en la morena que se disponía a pagar en el dispensador de tickets. A esta edad las morenas están más resultonas y guapas.

Buenas noches.

Gracias, señoritas, señoritos, damas y pollos.

Rescate de la pincelada

Posted in Sin sitio on octubre 19, 2007 by siralsenbert

Pinceladas. Real Ortuño

Después de la acusación me acordé de Bouilhet. Me sentí señalado pero no terminaba de reconocerme. Buscaba y rebuscaba y en esencia, no, no me reconocía. Nombró a un tal Alsen Bert, -otro esquizofrénico perdido- cuya vida manuscrita se reducía a las mujeres, a su presencia, a su agradable respirar, a su lánguido encanto, a sus braguitas malvas y como no, a la tipología con la que podía describirse la expresión a horcajadas. Pero no, a mí me costaba encasillar mi existencia a ese sólo y exclusivo reducto vital. Había más cajones en el mueble pero muchos parecían olvidar que el interesado mostraba siempre la faceta que quería y nunca, o casi nunca, la que otros desearían o querrían. Todo quedaba en etéreo anhelo. El que habla tal y como vive es el vecino del quinto, un francés llamado Bernard Louis Poncer di Lion que traducido –es lo único que voy a traducir- se leería Bernard Louis Placer de León. Una cosa, nenes.

Puro sexo impuro

Posted in Sin sitio on octubre 16, 2007 by siralsenbert

 

Igualdad de oportunidades. Ivan Soldo

Era puro sexo impuro. La cogieses por donde la cogieses, Ana era puro sexo impuro. Hoy titulo así el post porque me ha flipado la expresión. Aparece en una reseña al libro Sexoadictas o amantes. 21 mujeres radicales. La autora es Paula Izquierdo. No sé quién es –bueno, tenía una compañera de instituto que se llamaba y se apellidaba así-, no he leído nada suyo –lo leeré- pero si ha escrito un libro titulado Sexoadictas  seguro que conoce a mi personaje, a Ana, a la que supongo e imagino con unas bragas con un grado para obnubilar nivel alto –ahora se especifica así en las etiquetas- y con esa misteriosa capacidad que tienen las mujeres –todas- de provocar en el sexo contrario –es este el caso- confusión mental, incapacidad temporal para no pensar con claridad. Ana pertenece a ese tipo de mujeres; una mujer que sube las escaleras de su bloque con la pelvis, con las piernas, con los gemelos en armonía. El movimiento se convierte en elegancia siempre que coincide en la entrada con el vecino del quinto, Gonzalo o, con el vecino del tercero, Alejandro. Ella conjuga el movimiento, las abre y las cierra, apoya su frágil mano sobre la cintura porque los cree amables y está convencida de que la acompañarán hasta la entrada de su piso sin que surja ningún aspaviento erótico; sería muy molesto, ahí, entre los escalones y el olor a cocido de la vecina chismosa del primero.

Gonzalo es más recatado que Alejandro. Gonzalo mira de vez en cuando el reloj pero no pierde el punto de vista que le hace levitar hasta que llega al cuarto de baño de su casa. Y orina. Es una cuenta atrás; de escalones, de visión beatífica. Ana está muy buena, es lo que comúnmente se dice de una chica con curvas, en línea y hechuras a tantear. Gonzalo vive solo, es soltero, guapo y un buen profesional. Pero cuando llega de trabajar, siempre va al baño. Es obligado visitarlo siempre que se encuentra a Ana en las escaleras.

Alejandro, por el contrario, es más directo. Llega, siente la tentación de rozar con su mano las nalgas de Ana pero se contiene. ¡Bravo, Alejandro!

Ambos son caballeros de los de antes, de los de antes de los de antes. A pesar de sus pensamientos impuros y sus elucubraciones forjadas a la sombra de una escalera de bloque común. Ana sabe que si ella se lo propusiera, ambos comerían con ella en su casa todos los días que se topan. Pero son caballeros de los de antes; de los de antes de los de antes aunque ella, como hembra que es empieza a hacer sus cábalas. No sabe por cuál empezar. Los ve como leones que han llegado a la madurez. Ella, una leona con su puro sexo impuro e inmaculado siente la necesidad de placer, de placer por puro placer. Quiere empezar en su piso recién hipotecado una nueva obra: tachar cuadraditos siempre le ha resultado sencillo. Y ahora, con su look de treinta y cuarenta, más. Se sabe con poder; por edad, por estilo, por clase; lo sabe y lo siente y está en celo. No está lúgubre, su sexo aún respira.

Pero Ana, cuando llega a su casa le sobreviene un problema de conciencia porque ha vuelto a cerrar la puerta de su piso sin Gonzalo y sin Alejandro junto a ella. Comería de nuevo sola y su puro sexo impuro también.

Megas perdidas

Posted in Sin sitio on octubre 14, 2007 by siralsenbert

 

Sin título. Arge Kugelstein

Esta tarde he desenchufado el pen drive del puerto USB del portátil. Llevaba meses sin hacerlo. Ha sido una mala decisión. Se me han desparramado todos los lamentos que he ido almacenando este año, este fatídico 2007. Se habrán esparcido unas cien o ciento cincuenta megas, todas de agravios y putadas. Los y las tenía preparadas para quemarlas en fin de año, a mi manera.

Tengo unas enormes ganas de finiquitar los dos meses y pico que le restan a este año. Parecía que iba a ser un año perfecto en muchos sentidos. Pero ahora sólo lamento, ahora, ahora mismo lamento que, tras el vertido incontrolado de quejas y lamentos, no he conseguido localizar la escoba para recogerlos. Se van a quedar ahí tirados un tiempo en el suelo, junto a mi mesa de trabajo. Pienso que irán desapareciendo conforme se acerque el 2008 y que a pesar de que debe ser un año deseado, tiene el puto fallo de siempre: es un año par y odio la paridad en todos sus niveles pero qué le vamos a hacer. Espero recorrerlo en otro tempo, fugado y allegretteado.

Me despido por hoy. Voy a vestirme con el mono de mecánico que tengo bajo la almohada. Llevo unas semanas que duermo mejor con él. Los días se asemejan en demasiadas ocasiones a maquinarias complejas y qué mejor que empezar y abordar el día con el mono puesto. Eso sí, a la hora de la ducha me quedo desnudo, me toco las pelotas y me rasco el cachete izquierdo del culo. En ese momento, como cualquier animal de dos patas, me autoproclamo el hombre más feliz de la tierra.