Fui hombre cero

 

Ambivalencia de John Meyer

Fue ayer cuando me acordé de ella, de Melisa. Mis recuerdos –ahora, a mis treinta y seis años- son vagos pero es imposible olvidar su cara de sorpresa cuando en alguna de las conversaciones en la que nos enzarzábamos hasta que llegábamos a su casa tras la salida del instituto, le aseguraba que si por mí fuese, despeñaría –de la misma manera que se despeñaron los marranos de aquel raro pasaje de la Biblia-, a todos los perros pequeños que había en nuestra ciudad. En aquel entonces había mucho perro pequeño en la ciudad. Demasiados. Para que no se enfadara, enseguida le decía que también, que también me despeñaría por ella sin pensármelo dos veces; pero con su caniche en mi regazo. Sonreía, se mesaba el pelo, me besaba en aquel desvencijado portal de su casa y yo le acariciaba la cintura. A aquellas alturas del curso –creo que hacíamos 3º de BUP-, ya le había tocado las tetas en varias ocasiones. Qué delicia. El dato es importante. Ayer me acordé de ella. Me encontré a su ex en las galerías del nuevo centro comercial de la calle Laredo. En quince minutos de conversación me puso al día. Que se había separado, que tuvo un cáncer de mama; que lo consiguieron erradicar, pero tarde, muy tarde y que por esa razón había perdido los dos pechos. Qué lástima. Aquellos pechos me habían proporcionado en la adolescencia todo el placer al que yo podía aspirar, al que un imberbe como yo, sin más miras vitales que las fiestas del fin de semana, podía alcanzar. Después disfrutaba, sí, también disfrutaba escabulléndome por el patio del recreo con Domingo y Javi a contarles todo; todo, todo y todo.

Melisa se había separado, se había vuelto a casar con un antiguo amigo de su primer ex, un escritor que triunfó con una novela que relataba el fracaso de su matrimonio. De su propio matrimonio, del de ella, ¿con cuál si no? Se divorció pronto de aquel energúmeno pero consiguió por medio de su abogado –su tercer y actual marido- que en alguna de las cláusulas estuviera bien escrito y expresado que la mitad de las ganancias que obtuviera con dicha novela recalaran en su cuenta bancaria. Sí, Melisa había tenido una clarividencia femenina asombrosa; seguía con las ideas claras. Aquellas ganancias se las merecía más que nada porque la novela había sido escrita merced a su dolor. No sucumbió.

Aquí acabó la actualización narrativa y vital que su primer ex me realizó de Melisa. No sé donde vive Melisa actualmente. No oculto que me gustaría saberlo. Le escribiría una carta, se la llevaría en persona; la besaría de nuevo. Su primer marido me asegura que sigue tan guapa como siempre. Me lo pienso. Entre hoy y mañana pienso qué hacer. Quizás se la escriba, quizás me embarque en alguna odisea. Me gustaría rescatarme; me gustaría rescatarla. ¿Por qué no puedo llegar a ser el cuarto hombre de Melisa? ¿Quién lo impediría? ¿Tú, quizás? ¿No fui antes el número cero?

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16 comentarios to “Fui hombre cero”

  1. Ser hombre cero significa entonces que es el que sólo le tocó las tetas. Interesante la jerarquización de sobeteos, tocados matrimonios, consumaciones etc.

    Ah, se te ha olvidado poner la palabra bragas, o su equivalente americano: bombachas. ¿Tuvo ocasión el hombre cero de contemplar las bombachas de Melusina a pesar de los mordiscos amenazantes del caniche omnipresente?

  2. Que va. Eso a esa edad y en esos tiempos eran palabras mayores, Sokolina. Y además, todos sabemos qué tipo de lingerie llevan las niñas del instituto. Bueno, ahora es penoso, de verdad; cuando las ves subidas en los motarros con el tanga fosforito asomando. Penoso, de verdad, penoso.
    Yesornó, ¿tú que piensas sobre la lingerie de las niñas del instituto? Anda, mójate por una vez. No te comprometeré más.

  3. Llevo todo el día dándole vueltas al Hombre cero. No entiendo porqué este hombre querría ser el número cuatro, ese realmente le llevaría a ser uno más de la lista ordinal. El número cero tiene muchos significados, y el de ausencia o cero a la izquierda es solo uno. En las clases de pre-colombino me dijeron que una de las culturas indígenas habían inventado el cero, parece una tontería pero tener la consciencia de lo que es el cero y materializarlo no es tan fácil. Ser el cuarto simplemente significa ser el que viene después del abogado y quizás el que viene antes del panadero.
    Ah, Bertinho, cuidado con tu hija, no le dejes un fluorescente y unas tijeras a su alcance, no sea que haga papiroflexia y se haga un tanga 😛

  4. Jajajajajajajaja, qué buena eres, joder. Un tanga. Conocí a un gachó que me proponía amueblar mi casa con un folio A4.
    Sí, el cero en el relato es jodido. Es un gran fragmento. Para mí lo es. Que es lo que importa.
    Buenas noches, niña.

  5. Yo tambien le he dado vueltas a ese cero que fue y no fue y a esos senos que fueron y ya no son.
    Llama positivamente la atencion que aun quedes con ganas de ser 4.
    Nota al margen: “bombachas” se les llama en el extremo sur del continente. Aqui en Venezuela les decimos “pantaletas”.
    Besos
    Cinzia

  6. “Pantaletas”, qué curioso. Gracias por la aclaración, Cinzia. Me gusta mucho investigar sobre vocabulario del español americano. Lo de “bombachas” me hace mucha gracia.

    A mí los tangas me dan frío, Alsen. Recuerdo hace casi cuatro años, ir en tranvía a las ocho de la mañana a cinco grados bajo cero y ver a las universitarias con pantalón de cintura baja, ombligo al aire y enseñando el tanga. Me entraba un biruji… Y yo con abrigo casi hasta los pies y botas de cosaco. Eso sí, creo que es una medida muy ecologista y de ahorro energético, porque con lo que calientan la temperatura corporal de los hombres que hay en el tranvía no hace falta poner la calefacción. Yo les daría la medalla al mérito. Pero eso sí, para heroínas ellas, yo me conformo con aplaudir la gesta.

  7. Sartre decía que incluso en la forma de captarnos a nosotros mismos, lo hacemos como objetos y no como sujetos. Que “el modo de existencia de la con­ciencia es ser consciente de sí misma” … por lo tanto estoy totalmente deacuerdo con Alegría (vaya, qué raro!!!) en que “tener la consciencia de lo que es el cero y materializarlo no es tan fácil”.

    Sobre el Hombre Cero, yo he entendido que su propósito no es simplemente retomar la relación del pasado y más cuando la fuente de ese placer adolescente se perdió por culpa del cancer. Él dice: “Me gustaría rescatarme; me gustaría rescatarla” …

    “Yesornó, ¿tú que piensas sobre la lingerie de las niñas del instituto? Anda, mójate por una vez. No te comprometeré más”.

    Lo prometes?

    Bien, pues me consta que en Chile (me lo está soplando un colega que ha vivido allí) las llaman Calzones. Y sobre el resto, totalmente deacuerdo con Sokolina, que para algo es la experta.

  8. Ya ningún número.
    Sigue mejor narrando acerca de ella pero sin formar parte de la colección, jajajaja…o igual, espérante a ser el quinto, que dicen que no hay quinto malo, jajaja.

    Un placer leerte.

    Abrazos

  9. Cinzia, una mujer es una mujer…
    Jajajaja, sokolina. Temperatura corporal de los gachones dice…
    Prometido, Siono. Ah, tu no sabes la de clases que le he dado a Sokolina para que hable con propiedad sobre el braguisferio norte. Que trabajico me ha costado. Y si te contase de dónde viene todo. De un relato de una chica llamada Lucía, de su maromo, llamado Carlos y de una derbi mugrienta que hacía de escaparate de Lucía a la vez que sonaba mal, muy mal.
    Clarice, ¡otra moza! (juro que no hago nada) Igualmente. También me gusta de vez en cuando pasearme por tu blog.

  10. Braguisferio norte. Jajajajaja, mola.

    Ay Lucía, qué recuerdos. Y ahora tú tienes un harén de verdad. 😉

  11. Escribe Mike Arsehole en “El pez follador de sombras se suicidó el sábado” que el sabio chino Kong Don estaba sentado en la orilla de un río meditando cuando se le escapó por la bragueta, de repente, su miembro viril en erección. Observó el fenómeno y se dió cuenta de que era una señal divina porque normalmente ni con rinoceronte blanco conseguía que se izara su preciado falo siquiera. Entonces miró hacia el cielo y cegado por el astro sol, humildemente, bajó la cabeza y se fijó en la sombra que su pene, cual reloj solar, dejaba frente a las límpidas aguas. Y supo que debía allí plantar un algarrobo. Y plantó un algarrobo y estuvo veinte años sentado obserbándolo mientras crecía y esperando que diera su fruto. Y a los veinte años el algarrobo, dió como fruto unas vainas de algarrobo. Kong Don, se levantó entonces, fabricó harina de algarrobas y se alimentó de tan preciado alimento. Y consiguió asi otra erección. Se dispuso entonces a alimentarse de harina de algarrobas todos los días, con lo que no comía otra cosa. Y estaba permanentemente erecto. Pero siendo hombre sabio y cabal no usó sus erecciones para irse con barraganas, sino que atando una cañal con un sedal a su poderoso falo lo usaba como soporte para pescar pececillos en el río que luego vendía en le pueblo, mientras él ocupaba sus manos moliendo algarrobas para fabricar harina. Y pescando de esta guisa se hizo muy rico. Y fundó un restaurante chino. Y tuvo tres concubinas, aunque debido a que tenía el falo pluriempleado pescando no le dió tiempo a tener descendencia. Y siguió pescando peces en el río con el falo erecto y comiendo harina de algarrobas hasta el resto de sus días. Así era de sabio Kong Don y deberíamos tomar en cuenta su encomiable ejemplo.

    Y esto no tiene que ver con el hombre cero ni con las bragas benditas, pero lo pongo porque he leído las obras completas de Mike Arsehole y de Felicity Wallace y quiero que se sepa porque da mucho glam. Ah, un apunte modesto, las he leído en coreano y las he traducido al malayo.

    Y buenas noches malayas, Doncel de Brabante.

  12. Los retratos eran de ti Says:

    Vaya. Tenía entendido que Sokol fue un halcón ruso, algo así como un húsar musculado aunque con un sutil y etéreo, pero no ebúrneo, toque frívolo y decadente que era experto en lenguas bárbaras del este de Europa y , además, también era amo y señor de un harén multicolor en el submundo de Atra, pero ahora ya si que me he perdido, añorada “Charlotte”. ¿También coreano? ¿Coreano, esos “comedores de ajos”? Y no, no le creáis; Alsen nunca fue, en realidad, un hideputa king size. Travieso sí, pero nunca hideputa. Algunas de nosotras éramos peores que él (shhhhh, Alsen Bert)

    (E inquietante lo serás tú, querida :-P)

  13. La vida da vueltas. Y del mañana nada se sabe.

  14. Bueno… tengo en común el mismo número de divorcios, eso sí, las tetas por suerte siguen intactas (de que siguen en su sitio, vamos…). Tal vez haya un cuarto buscándome por ahí… no lo había pensado.¿ Será un hombre cero?.
    Saludos sir

  15. Alsen ¿has sido devorado por la Blackberry?

    Por cierto, una duda, si mi hija tiene, supongamos, una inclinación hacia alguno de su clase en el parvulario y se cogen de la manita para salir al patio de recreo ¿en la cuenta ése será el -1 , el -2 o el 0?

    Los Re- . No sólo el coreano, sino también el onubense, el Bollullos del Condado, el calagurritano, el santanderino y el almeriense. Y además con prestigiosos diplomas de Universidades prestigiosísimas como Utah, Calvarrasa de Arriba y Sobaquillo de Calatrava.

  16. jajajajajajaja.
    Que va, aún no. Estoy en estos momentos contestando un mail de una amiga que me ha escrito con mucho cariño. También quiero, antes de acostarme, escribir un puto borrador de esos que me hacen tan feliz en este, mi blog.
    Mi hija tiene ya novio. lleva dos años que no deja de nombrarlo. Moreno, de ojos grandes, con dinero y listo -debe ser listo- porque sino…
    Sí, el de tu hija será el -12 mínimo. Con ese desparpajo y con ese signo zodiacal, ¡no lo dudes!

    ¡Retratos de ti! ¡Cuánto tiempo! Ahora mismo estoy hecho un lío y no sé si tienes que ver algo con Spitieri.
    Calma, calma, calma…
    Jaume, bienvenido.

    Ahora sigo…

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