Día lila, anómalo y lascivo

 

 

Enthrall de Simon Claridge

Anómalo y lascivo.

Pepe –todos conoceréis a alguno- se enfrentaba a la vida como si ésta fuese un espejo mágico. Era trágico, muy trágico comprobar que sus bolsillos seguían aún vacíos. Frustración. Amenazaba tormenta diaria e interior cuando una y otra vez, de manera boba, se presentaba frente a él, frente al espejo, frente a la vida, frente a sí mismo para seguir comprobando que quedaba reflejado siempre por el lado menos agraciado. Lo más ridículo era verlo así, sin gracia y con los bolsillos del pantalón vueltos al revés mostrando la pelusilla hilada mezclada con la picadura de tabaco que siempre guardaba ahí, en los bolsillos, suelta, como si de pipas se tratasen. Todo lo bueno que Pepe tenía quedaba oculto tras el reflejo opaco de ese anómalo espejo, de esa vida, de ese ser que se llamaba, quiero repetirlo otra vez: ¡Pepe! y que todos, en algún momento de nuestras vidas, lo habíamos tenido o como vecino o como dependiente del almacén de ultramarinos del barrio.

Pepe se había convertido, porque a él le había dado la gana, en un desgraciado que se miraba después de llegar del trabajo, en un espejo trucado. Hasta el día de hoy, que lo he visitado. Me ha presentado a su mujer, Julia, y a su espejo, trucado. Ella aparentaba ser mujer malfollada, con todos los síntomas que esto conlleva; él sólo tenía ojos para el espejo que una y otra vez le saludaba profiriéndole alguna procacidad. Después de presentarme a una y a otro no he tenido más opción que dirigirme hacia el espejo y pegarle un puntapié. Estaba hasta los cojones de que su vida fuese una mierda. Ha estallado en mil pedazos. Pepe me miró aturdido y salió de la habitación conyugal para volver con un tubo de cianocrilato. Qué gilipollas es este Pepe, pensé. Ante la escena, no dudé en marcharme. No soportaba ver a Pepe llorando. No soportaba ver a Pepe reconstruyendo el espejo de su vida. Me iba, yo me iba. Pepe seguía allí. Su mujer me acompañaba; quería ser educada y despedirme pero antes de abrir la puerta se desvistió por completo. Sólo llevaba encima una bata como de lino anaranjado. Estupefacto pero decidido, la subí a horcajadas a mi cuerpo y la senté sobre la mesa de, de, de la cocina. Era la dependencia más cercana. Le quité las bragas lilas y las tiré al fregadero. Encesté. Ni ella era Jessica Lange ni yo Jack Nicholson pero puedo prometer que pudimos pasar por ellos. ¿Pepe, bajas a despedir a Manolo? –repetía mientras se vestía.

A Pepe le cambiaría la vida desde aquel día. Un día lila, me dije…

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7 comentarios to “Día lila, anómalo y lascivo”

  1. “mujer malfollada, con todos los síntomas que esto conlleva”. Cuéntame eso de los síntomas que conlleva, que parece inetresante. 😛

    Bragas lila… Recuerdo unas malva.

    Alsen, la palabra bragas es intrínsecamente tuya. Creo que la debiste inventar en una reencarncación anterior.

  2. mu mu

  3. El mu era para probar, que te he escrito un comentario y no salía.

    “mujer malfollada, con todos los síntomas que esto conlleva”. Cuéntanos los síntomas, que promete. 😛

    Sir Alsen, la palabra Bragas es intrínsecamente tuya. Creo que la debiste inventar en una reencarnación anterior.

  4. Que no mujer, que por lo que tengo entendido ya las usaban los vikingos. Pero he buscado en Google y fíjate qué me dice:

    “Esta palabra, cuyo primer registro en nuestra lengua data de 1191, proviene del bajo latín céltico braca, y designaba inicialmente un calzón masculino. A pesar de tan antiguo origen, lo cierto es que la braga es una pieza relativamente reciente en el vestuario femenino.

    Las pioneras en su uso fueron las bailarinas del famoso cabaré parisién Moulin Rouge, pintado y frecuentado asiduamente en las últimas décadas del siglo pasado por el impresionista Henri Toulouse-Lautrec, quienes recurrieron a las bragas para cubrir su vello púbico durante la danza.

    Por eso, para las francesas del siglo pasado, usar bragas era cosa de mujeres “de vida alegre”. Pero en pocos años, las bragas se tornaron prenda obligada en el vestuario de todas las mujeres. Al menos hasta 1995, cuando Sharon Stone decidiera revivir la moda antigua en el celebrado filme Instinto básico”

  5. Yo no te imagino sin bragas.

  6. Jajajajajaja, sí claro…

  7. PEPE BRAGAS, ES UNA REVISTA DE ARTE Y CULTURA EN ALICANTE
    http://www.revistaperito.com/drupal/

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