Sólo sudo

Posted in Sin sitio on junio 22, 2008 by siralsenbert

Estoy tieso. Ni leo a ritmo ni escribo a diario. Sólo sudo. Por lo menos no hago como aquél que limpiaba su frente con lo que acababa de escribir. No había manera más estúpida de mancharse la frente. Bueno, eso, ahora sólo sudo.

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Pero…

Posted in Sin sitio on junio 15, 2008 by siralsenbert

Si cierro este blog, ¿dónde saco mis sapos a pasear?
¿Dónde coloco mis enseres viscerales? ¿Dónde esa casquería existencial?
Me pregunto.

Lo conocía

Posted in Sin sitio on junio 15, 2008 by siralsenbert

O me quedo, que hace calor. Y se ve el blog ahora tan oscurito y fresquito. O me voy, qué pollas.

Ayer conocí a un chaval con cara de perro pachón. Miento. Ayer no fue. Sucedió el domingo 8 de junio. El sol le deslumbraba y apenas si podía abrir los ojos para saber con quién estaba hablando. Yo, no hacía más que decirle, Rodrigo, despierta; Rodrigo, sonríe. Ya estás en este puto mundo y no sabes lo que te espera. No suelo dar la vida por nadie pero mira -me dije-, sin apenas conocerte, me ofrezco desde ahora a dar la vida por ti. Vulgarmente se expresa así: “me parto la cara por ti”. Sí, me la partiré por ti cuantas veces haga falta, lleves o no lleves razón. Rodrigo, has tenido suerte. Rodrigo, me chifla tu nombre. Rodrigo, hijo mío, bienvenido al mundo. He mentido, te conozco. Eres desde hoy ese 50% de magia que llevaba mi espermatozoide al óvulo sensual de tu madre.

PD: Esta entrada cierra esta blog. Me marcho a Tricentésimo

Rasgando la hoja

Posted in Sin sitio on junio 7, 2008 by siralsenbert

Me mudo. No sé donde ni cuándo. ¿Mañana?
Hasta ahora me había dado vergüenza publicar con mi nombre real. Lo haré en breve en otro blog. Blogger será de nuevo la plataforma. O esta, no lo sé. Desoxidado lector va cuajando pero en ese sólo hay reflexiones sobre las lecturas que hago. Quiero pensar con personajes. Y necesito otro blog.

Os aviso.

Piturda buscando reflejo

Posted in Sin sitio with tags on abril 16, 2008 by siralsenbert

Imagen de Carmelo Palomino Kayser.

Piturda no hablaba de literatura. Piturda sólo hablaba de herejes. Tenía una cara de hereje de siglo XVI, parecida a la de Lutero pero sin afeitar. De hecho, era un vagabundo y todos sabemos que a los vagabundos les cuesta encontrar un sitio decente para afeitarse todos los días. Su barba era pues, necesaria a su condición, la de vagabundo y chamarilero. Piturda había visitado recientemente una agencia matrimonial con la esperanza de encontrar allí a la mujer de su vida. Piturda rondaba los cincuenta años pero aún albergaba una esperanza, la esperanza de encontrar una mujer que le quisiese. Piturda también había sido domador de lagartos. Fue por eso por lo que estuvo trabajando en Jaén muchos años. Allí cuenta la leyenda que, entre las rocas que rodean a esa ciudad se escondía un lagarto más grande que un elefante que había sido defensor junto a los cristianos de los ataques bereberes y las razzias musulmanas. Hoy los arqueólogos tienden a joder, no sólo a los promotores inmobiliarios, sino las milenarias leyendas de ciudad. La labor de los equipos arqueológicos más que un servicio cultural, se asemejaban a un ejército de hombres de sacos de patatas que asustaban las infancias de los niños tontos. Las consignas del hombre del saco sólo asustaban a los niños tontos, tontos ya lo he dicho, estúpidos. Yo nunca me asusté porque quería a Piturda. Yo quería a Piturda. Ahora no lo quiero. Ahora ha encontrado pareja gracias a esa agencia matrimonial. Y todo por una ele. Matrigrafo era una agencia matrimonial extraña, como lo cuento, que no me invento nada. Dicha agencia matrimonial basaba sus resultados en encontrar afinidades caligráficas entre los hombres y mujeres que tenían en su base de datos. Partían del supuesto que a letras semejantes, la vida en pareja les iría mejor que a aquellos cuyas caligrafías eran antagónicas, distintas, imposibles de entender. Piturda trazaba una ele elegante, con hueco superior proporcionado a la longitud total de la letra. A Marisa le ocurría lo mismo pero con otra letra, la p de puta. No, no, Marisa no era puta. No simplifiquen ustedes la historia.

©Sir Alsen Bert

Libros de kilo

Posted in Sin sitio on abril 7, 2008 by siralsenbert

Y releyendo antiguos escritos para localizar materia de relato me he encontrado esto, que lo dejo aquí para que lo destripéis:

“Los hay, los hay que comentan: tengo en mi casa cincuenta libros de medio kilo, veinticinco de kilo y medio y sólo diez de dos kilos. Estoy apesadumbrado por ello, Patronio; me rasco la cabeza y no hallo consuelo a mi lamento, a mi llanto de ignorante, a mi pose de pedigüeño, a mi cualidad de etéreo gilipollas. ¿Qué hacer? Los libros de dos kilos son los que dan la felicidad: dime tú qué estético quedaría en la librería cinco libros iguales con el título Qué hacer con el sexo de tu compañera en las noches donde el blanco dicen que es de satén o este otro que repetido hasta la decena, tenía mi amigo Silverio en el mueble de entrada de su casa: El orgasmo, cosa de dos. Sigo apesadumbrado Patronio, muy apesadumbrado por este problema. Dame una solución, te lo ruego, dame la solución a mis problemas de conciencia y serenidad.”

Debería

Posted in Sin sitio on abril 7, 2008 by siralsenbert

Debería dar alguna explicación pero no lo voy a hacer. Tampoco digo que os zurzan pero eso, ¿ves?, eso sí lo podéis pensar. Tengo el blog en el trastero pero esta tarde, cuando he ido a recuperar artefactos que llevaban olvidados dos años, me he encontrado el blog abierto por la última entrada que escribí. Era Semana Santa y ya es primavera. Estoy leyendo Doce Anillos de un autor ucraniano muy visceral, como todo lo que me gusta leer. El tipo se llama Yuri y se apellida Andrujovich. Esta tarde he ido a la librería a encargar otro libro suyo. El que tengo es de la Biblioteca Pública y tengo que devolverlo. Si lo llego a saber no lo saco y me lo compro pero como lo he sacado y lo estoy terminando es más barato apuntar la signatura por si algún día se me ocurre releerlo aunque, para ser sincero, y viendo lo que se avecina, será difícil.

Hasta la próxima, lectores ocupados.