
El amor es ciego de Dellacroix & Dellfina
Si hemos de buscar alguna analogía entre los profesionales del hogar y del volante, lo único que podrían tener en común un conductor de ambulancias y un fontanero es su prisa por llegar al destino requerido. Del primero pende, y según su pericia al volante, la salvación de un alma en pena, medio moribunda y sufriente; el segundo alberga a su llegada al domicilio demandante, la ilusión de encontrar a un ama de casa insatisfecha: no había mejores polvos que los que echaba el fontanero Manolo en horas de trabajo. La fontanería, en resumidas cuentas, consistía en un arreglar entuertos y en un poner a punto a la dueña de la casa canalizando como se debían, los fluidos más deliciosos de la naturaleza, digan lo que digan los escrupulosos. La analogía está clara: el conductor de ambulancias también podría satisfacer cualquier demanda de ese tipo. Era cuestión de imaginárselo.
(Fragmento del comienzo de un relato raro, como son casi todos mis relatos).


