
Ballet 1 de Cliff Kearns
Por la tarde he soñado con el absceso en la mejilla. Los límites, siempre vacilantes, entre la vida diaria y el terror aparentemente real (Kafka, Diarios, p. 389)
Pues yo, Franz, espero soñar algo esta noche. Espero que no sea en un absceso. Me despertaría, no te quepa la menor duda. No sueño nada, hace semanas que no sueño nada. Quizás se deba a que me quedo dormido con los auriculares escuchando La noche menos pensada.
Es irresponsable viajar e incluso vivir sin tomar notas (Kafka. Diarios, p. 397)
Franz, llevo cinco minutos buscando en la Moleskine una anotación que escrita, me pareció que la había escrito mi musa Gilberta. No la encuentro, joder. Era muy lírica. Franz, llevo tiempo sin viajar pero ahora lo voy a hacer: miro el vaso de whisky que tengo junto a mi. Vaso ancho con cubitos balumbas. Licor sabroso y convencido de que no es propicio para producir sueños. Me da igual, de verdad.
¡Franz!, encontré la anotación. No está ni por asomo a la altura de las tuyas pero invité a Gilberta a un café.
Soy capaz de volcar un florero de un manotazo. También de abrir el grifo y llenar un vaso de agua. Es más, soy capaz de bebérmelo y después, tras sestear durante dos horas –sí, también soy capaz de sufrir a ese nivel- levantarme y dirigirme al retrete a orinar. Soy capaz de todo esto pero me pregunto, ¿por qué no soy capaz de cerrar los ojos y soñar? ¿Seré demasiado mundano?
Joder, dadme una respuesta, os lo suplico. A pesar de su falta de lirismo.





